Remanentes

Me apego a los excedentes que hay de ti en el viento, una brisa que se extiende en mi interior y remueve la arena que cubre al corazón como una manta.

Tus caireles castaños se mueven en mi interior y el olor  de tu cabello despierta mi flujo sanguíneo.

Aunque no voltees a verme, tu presencia se expande y por fuerza de tanto estirarla me conmueve.

No puedo dejar de notarte, de sentirte.

Estás en todas partes: vienes y te vas con el viento que trae y desaparece ese olor a chocolate tan característico de tu cabello

De ti sólo conservo los remanentes de un amor intacto.

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Fiebre

Necesito. Necesito. Necesito. ¿Qué necesito? No lo sé. No sé lo que necesito.

 

:: Grabar gemidos en un cassette AGFA, por lo menos media hora.

Coleccionar DVD’s viejos, con películas de hace 20 años.

Escarbar en un bulín por cintas VHS de por lo menos 30 años ::

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x: carta con destinatario ausente #1

Muchachita de ojos pardos.

Estaba pensando en algo que escribiste hace tiempo: ‘First love never dies’. No puedo afirmarlo; no te pido que lo olvides, pero la renuencia es una impostura por sentir que el presente no nos satisface. No puedo afirmarlo, a pesar de que tuviste alguna razón para marcharte. En el fondo sé que yo no era lo que tú buscabas; nunca lo fui, nunca lo seré. Es triste, pero las verdades funcionan así cuando se las comprende. Tan sólo ha pasado poco más de un mes.

Finalmente, llegar a la conclusión de que el amor que tenemos no es algo que merecemos es forzar a la mente a resignarse, decir: ‘¡Oh!, necesito a mi pasado’, sin saber que él es el motivo primordial del futuro. Un futuro afable o caótico, como el nuestro.

Pero no, no pensamos en eso. Nunca somos los mismos. Ciertamente, nuestro pasado nunca es el mismo. Es como leer una frase, ver una película: nunca nos transmite la misma sensación dos veces.

Temo que algo así te suceda con el amor. Probablemente te sucedió conmigo.

No te pido que me ames como lo has hecho antes. Desearía que me desearas, me quisieras y amaras con mayor intensidad. Pero si algo he aprendido de los deseos es que son quimeras temporalmente aplazables, muchas veces fragmentadas, otras frustradas, otras jamás realizadas por imposibles.

No sé cómo despedirme esta vez. (Aquí iría un beso)

Te quiere tu muchacho en los huesos.

 

Querido menda

Probablemente te preguntes por qué estás leyendo esto. Puede que más que parecer una carta a primera instancia, pienses que se trata de una casualidad muy compleja o de un juego que tiene como finalidad revelarte la broma cruel que es la vida. Pero no, esta carta no va dirigida a nadie en especial. No fue un error, ni mucho menos un acierto. Si te entregué este pedazo de papel es para que supieras lo siguiente: me alegra tanto saber que voy a morir muy pronto. Leer más “Querido menda”

Ruinas en mi interior: Tlatelolco y la ciudad de las ratas

Pareciera, pues hay quienes por ningún motivo detienen su jornada, que la lluvia espanta como ni siquiera lo hacen las criaturas más inverosímiles del universo lovecraftiano, a los audaces capitalinos que atraviesan la Ciudad de México caminando.

La mayoría de los transeúntes son afables, como si el clima no les transmitiera pesadumbre alguna aunque, por otro lado, ¿por qué habría de hacerlo? El cielo ligeramente grisáceo, con nubes opacas cargadas de agua, le daba un toque exagerado de dramatismo a la ciudad, pues esta, por sí misma, ya es lo bastante obscura.  Leer más “Ruinas en mi interior: Tlatelolco y la ciudad de las ratas”

Carreteras inmóviles (una avenida sin origen)

Distribuidos por el mundo, hay lugares con un carácter inhóspito de inmovilidad. Esa es una característica especial de México: calles, edificios, carreteras y avenidas parecen haber nacido al mismo tiempo que el planeta.

La avenida Primero de Mayo, o, como lo dictan ciertos documentos del gobierno municipal y algunos periódicos, distribuidor vial Primero de Mayo, es uno de esos lugares que no parece tener un pasado remoto ni una raíz concreta. Si hemos de remontarnos al origen de las carreteras y vialidades saturadas por autos, autobuses y camiones, conductores y peatones imprudentes proclives a ser objetivos de la delincuencia y del abuso de autoridad, la avenida Primero de Mayo, con una extensión aproximada de dos kilómetros, debería ser referente principal.

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¿Acaso alguna vez hemos sido los mismos?

Me da trabajo decir quién soy

— Antonio Marimón

Nadie es nunca el mismo. Si la afirmación anterior, tan socrática como parece, resulta una afronta contra los deterministas, bueno: que las pedradas caigan. Si estoy tan seguro de la proposición enunciada —me da lo mismo que ahora se la deduzca a todas luces como un sofisma— es, tanto por experiencia propia, como por las diversas intervenciones en el tema de sujetos  para los que la identidad y sus cambios parecen algo interesante. Si alguien pidiera mi opinión acerca de la cuestión, respondería con una disertación acerca de las similitudes entre las personas, los monotremas y los cubos de Rubik.

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